HISTORIA:

 

En el año 816 ya se citan la iglesias de San Vicente, en Cabárceno; San Martín, en Sobarzo; Santa Eulalia y San Jorge, en Penagos, cedidas por el conde Gundesindo al monasterio próximo de San Vicente de Fístoles (Esles).

Sus patronos pertenecen al santoral hispano-visigodo, como San Jorge, caballero capadocio que en los campos de Silca (Libia) liberó a la ciudad del dolor y del pestilente hedor de un dragón que la acosaba, y que exigía en prenda diaria la vida de una doncella. Su fama se extendió enseguida por toda la cristiandad, porque su victoria simboliza la eterna lucha entre las fuerzas del bien y del mal.

Nada queda sino el patrono de aquella pequeña iglesia prerrománica, o de la consiguiente románica, en cuyos capiteles estarían talladas las hazañas del guerrero, y que hace ya más de 400 años fue sustituida para ser ampliada y ennoblecida.  Porque noble y de excelente factura, y en la que predomina la piedra de sillería bien labrada, es esta iglesia grande, fuerte, imponente, que se alza dominando la vega y protegiendo las casas de su entorno.

En una lápida moderna existente en el interior del templo se hace mención a la fundación de esta iglesia.

Otros datos que obran en el Archivo Histórico Provincial nos informan de que la portada fue ejecutada por el maestro Toribio de la Cuesta en 1613, y las capillas laterales de la iglesia las realizó el maestro arquitecto Pedro Arenal de los Corrales, a partir de 1.626. En 1.934 fue restaurada por los eruditos Angel Jado Canales y Jerónimo de la Hoz Teja, éste último canónigo y estudioso de la catedral de Santander.

 

Fachada Sur de la Iglesia.  

TRADICIÓN GÓTICA:

La iglesia erigida a finales del siglo XVI, muestra el diseño que obedece aún a los modelos de tradición gótica que nuestros maestros canteros difundieron por Castilla. Apenas se observan elementos renacentistas explícitos, propios de su época, salvo en las portadas, con columnas, entablamentos y frontones clásicos. Pero en sus dimensiones, 40 x20 varas castellanas, y en los módulos de los tramos de las naves, se aprecia la proporción y equilibrio que caracteriza al "estilo romano".

Todos los parámetros exteriores son de sillería, y presenta dos portadas, ambas cobijadas  por sendos pórticos. La portada de la fachada sur debió ser la principal, de estilo clasicista, rematada en un frontón triangular. Pero ahora se utiliza la que está más próxima a las casas, que es más sencilla, en arco de medio punto, y superada por una  hornacina con fondo de venera que contiene una imagen de piedra de un rey, quizás San Fernando.

Interior de la Iglesia

 

El cuerpo rectangular del templo se divide en tres naves de igual altura -planta de salón- de rígida y áurea  geometría, a la que se añade, en la fachada Este, como es ortodoxo, la cabecera poligonal, que subraya la tradición gótica.  El atrio se halla delimitado por una cerca de piedra de media altura, jalonada con cruces de piedra correspondientes  al Vía Crucis. Este espacio servía  como cementerio, y también como lugar de respeto o de protección  de los que, perseguidos por la justicia, se acogían al derecho de asilo de la iglesia.

Destaca también, la maciza torre de cuatro alturas, construida  66 años más tarde, en 1655, cuyo cuerpo superior presenta los huecos de las campanas enmarcados en pilastras, y se remata con pirámides y bolas herrerianas.

En uno de los cuartos  situados bajo el coro hay un reloj de sol, se supone que su situación fue la de la esquina meridional izquierda que está junto a la torre del campanario. Su cuadrante es semicircular con las líneas horarias variables que acaban en números árabes de cobertura 6 a 6. Tiene líneas medias de líneas cortas. Parece que tuvo gnomo de 2 apoyos. Su conservación es regular ya que sus números y líneas se definen con claridad pero la piedra que da su origen está rota por la mitad. Carece de fecha.

 

 

El interior es muy espacioso, merced a la altura similar de las 3 naves y a los estilizados pilares circulares de orden toscano, que sostienen las 12 bóvedas de los 4 tramos de que consta el cuerpo de la iglesia.

Las cubiertas son de crucería, de terceletes y combados, todas iguales, enfatizando la unidad estética del conjunto. A pesar de la sinuosidad de las líneas se consigue una estilización, que proporciona elegancia  y sobriedad al espacio, fragmentando únicamente  por los sólidos pilares circulares que sostienen las bóvedas. La única decoración se muestra en las claves, con motivos simbólicos alusivos a Cristo (flores de cuatro y seis pétalos, esvásticas, estelas, sol....), tal como posiblemente lo habían representado los antepasados monjes en los orígenes del pueblo.

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